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martes, 14 de abril de 2026

Begoña Gómez juzgada por cuatro delitos, 20 años de cárcel... A su lado debería sentarse Pedro Sánchez

IGNACIO FERNÁNDEZ CANDELA
Martes, 14 de ABRIL de 2026


CRÓNICAS DEL FANGO SANCHISTA


Begoña Gómez juzgada por cuatro delitos,  20 años de cárcel... A su lado debería sentarse Pedro Sánchez

Previa detención en cualquier operación policial, el presunto responsable ha de comparecer ante la Justicia con todas las garantías. Así funciona el Estado de Derecho, al menos en teoría. Y es precisamente ahí donde empieza a chirriar el espectáculo que estamos viendo.

La citación judicial de Begoña Gómez ha desatado una reacción en cadena en las terminales mediáticas del poder. No tanto por el hecho en sí, sino por lo que representa. Porque en esta España de fango institucional, las responsabilidades rara vez son individuales cuando el poder se ejerce como ecosistema.

Es ya imposible y patético hasta el vómito sostener la idea de que estamos ante un episodio aislado. Cuando el entorno más próximo al poder es objeto de investigación, la pregunta no es solo jurídica, sino estructural: ¿cómo se ha permitido llegar hasta aquí?

Begoña Gómez no es una figura desvinculada del contexto en el que se mueve. Es, en todo caso, una extensión de un sistema donde la frontera entre lo público y lo privado parece haberse diluido peligrosamente. Y pretender analizar los hechos como si fueran compartimentos estancos es, como mínimo, ingenuo.

La cuestión de fondo no es solo qué ocurrió, sino bajo qué condiciones fue posible que ocurriera. Porque cuando el poder concentra decisiones, influencias y recursos, las responsabilidades tienden a expandirse, no a reducirse.

Por eso el debate no puede limitarse a un nombre propio. Tiene que ampliarse al marco completo. A la cultura política que lo permite. A Pedro Sánchez, el cuarto y cabecilla de la banda del Peugeot entre rejas.

Y a la normalización de prácticas que, en cualquier otro contexto, habrían generado un escándalo inmediato.

La reacción defensiva que apela a la “persecución política” no responde a las preguntas esenciales. Más bien intenta evitarlas. Y eso, lejos de aclarar, oscurece aún más el escenario.

En democracia, la confianza no se decreta. Se construye. Y cuando esa confianza se erosiona, no basta con señalar a un elemento aislado. Es obligado como práctica de higiene universal, revisar el conjunto. Porque el fango nunca es casual y menos si lleva hedor sanchista.

Siempre tiene el mismo origen. Y siempre responde a un sistema que, en algún momento, dejó de funcionar como debía.

Si el matrimonio Ceaucescu fue juzgado en un solo bloque de responsabilidades penbales, ¿por qué no sucede los mismo con los cómplices de la prostitución gubernamental... Tranquilos, esto no es Rumanía aunque España soporte la misma inmundicia que los rumanos se quitaron de encima. 

Aquí nos conformamos con verlos responsabilizarse de los delitos que suman 20 años de cárcel... En cambio, el fullero que okupa La Moncloa ya se prepara para un nuevo y definitivo fraude electoral. 

En la cárcel debería estar hace ya demasiado tiempo el cerebro de todas las tramas y sus cómplices.

miércoles, 25 de marzo de 2026

Begoña Gómez ante el jurado popular: La Soberanía nacional frente al fango sanchista

IGNACIO FERNÁNDEZ CANDELA
miércoles,  25 de Marzo de 2026


CRÓNICAS DEL FANGO SANCHISTA


Begoña Gómez ante el jurado popular: La Soberanía nacional frente al fango sanchista

Existe un silencio atronador en las redacciones del pesebre monclovita, un vacío de voz que delata el pánico de quienes apostaron por el naufragio del Estado de Derecho. Mientras el aparato propagandístico de Sánchez se afana en levantar muros de fango y descrédito contra los servidores de la Ley, la Justicia, con esa templanza que solo otorga la razón moral, ha ejecutado una jugada maestra: sentar a Begoña Gómez ante la soberanía popular.

Y no es cuestión del Juez Peinado que ha cumplido impecablemente con su deber lo que sienta a Begoña Gómez ante un jurado popular, sino las reiteradas negativas a colaborar con la justicia atrayendo sobre sí todas las sospechas que de ser condenada la llevarán en volandas a presidio por esos tejemanejes presuntamente delictivos que se ocultan también desde La Moncloa.

La imputada ha actuado hasta hoy con el desprecio de quien se siente por encima del bien y del mal. Se negó a entregar el pasaporte, obstaculizó cada paso de la instrucción y orquestó un ataque sistemático contra el juez Peinado, como si la toga fuera un obstáculo molesto en su carrera hacia la impunidad. Acostumbrada a gestionar los lodos de la influencia, parece haber confundido los despachos judiciales con las saunas donde se fraguaron negocios oscuros; pretendiendo convertir el estrado en un reservado donde chantajear a quienes, por deber y conciencia, cumplen con la ley.

Pero los juzgados no son saunas de chantaje ni sucursales de la ambición sanchista como se colige de las investigaciones sobremanera solapadas por el fango sanchista que todo lo manipula y tapa, a pesar de que el fétido hedor de Pedro Sánchez se expele como un futurible cadáver político y reo de sus obras dirigidas por la denominada organización criminal que resultó ser el PSOE del sanchismo. No habrá opacidad que valga. No habrá despacho alfombrado que oculte la magnitud de una petición de 20 años de cárcel por cinco delitos que huelen a la descomposición ética de un régimen agónico. El juicio será público, retransmitido y, sobre todo, juzgado por un jurado de ciudadanos; esos mismos a los que el sanchismo ha pretendido pastorear con mentiras e ingeniería social.

No nos extrañe que con este nuevo capítulo se escriba otra historia de presiones personales y fontanería de chantaje contra los que han de juzgar el núcleo de la corrupción familiar que pringa a todo el desgobierno. No extrañe el dispositivo policial que se desplegará con los sumisos de Marlaska cumpliendo órdenes más allá de la deseable e inexistente conciencia policial con que algunos visten el uniforme, para hostigar a la ciudadanía honrada y secuestrada por una vileza que solo puede encarnar un personaje como el que ya vendió el alma al Diablo, literalmente, Grande Marlaska... más bien diminuto marlasca.

Es la derrota final de la soberanía del decreto frente a la soberanía del pueblo. Por mucho que Pedro Sánchez intente utilizar las instituciones como un parapeto sucio, la trampa contra el Estado de Derecho se está volviendo contra su arquitecto. La justicia tarda, pero llega con el paso firme de quien no tiene nada que ocultar. El banquete de la impunidad se ha terminado; ahora le toca al pueblo dictar la sentencia frente a la criminalidad manifiesta de quienes manipularon las reglas del juego para apoltronarse en la corrupción.

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