CRÓNICAS DEL FANGO SANCHISTA
Plan sucio sanchista: Sanidad, caos migratorio y la ingeniería del fraude electoral
El espectáculo de la infamia ha alcanzado su paroxismo. Bajo el manto de una falsa solidaridad, el régimen sanchista ha activado la fase de implosión del Estado de derecho. No es incompetencia, es una estrategia quirúrgica: reventar las costuras de la sanidad pública, dinamitar el equilibrio económico y social, y utilizar el caos migratorio como un ariete contra la cohesión de la nación.
Resulta de un cinismo nauseabundo observar cómo quienes han convertido nuestros hospitales en salas de espera hacia el abismo, y nuestras fronteras en puertas giratorias para la inseguridad, pretenden ahora señalar con el dedo acusador a la oposición. Es el viejo truco del trilero, del fullero de La Moncloa: incendiar la casa y culpar al bombero mientras él, entre bambalinas, sigue serrando los pilares de nuestra convivencia.
Estamos ante un golpe de Estado por método de implosión. No necesitan tanques en las calles porque ya tienen comisarios en las instituciones. Buscan el colapso de los servicios públicos para justificar la excepcionalidad permanente. Quieren una España de rodillas, asfixiada fiscalmente y socialmente fracturada, para que el fraude electoral -ese cáncer ya enquistado en las terminales del recuento y el control del DNI- sea la única salida hacia una dictadura de facto.
La sanidad no es para ellos un derecho, sino un rehén. La inmigración no es un desafío humanitario, sino una herramienta de desestabilización para diluir la soberanía. Mientras el ciudadano contempla atónito cómo se subastan sus libertades en el zoco del separatismo, la claque mediática subvencionada aplaude el festín. Pero se equivocan los parásitos: la España que madruga, la que aún conserva la memoria del honor, no asistirá en silencio a su propio funeral.
La verdad no se rinde ante el BOE, ni la libertad se entrega en el altar de un autócrata herido de muerte que solo busca el blindaje de su propia impunidad.
