CRÓNICAS DEL FANGO SANCHISTA
La alquimia del fango sanchista: zombificar para malgobernar
Cualquier inepto y hasta criminal puede disimular tras un desgobierno en psosesión de las arcas del Estado con intención de latrocinio. Luego queda el fraude electoral para legitimar el bodrio delictivo denominado gobierno de España. El negocio de los prostíbulos es una buena base inmoral para ejercer sin escrúpulos el poder más corrompido. Pero Sánchez se sostiene cadáver ante el mundo que aborrece su permanente juego sucio.
El gran y falso triunfo del sanchismo no es electoral, es químico. Han inoculado en el cuerpo de nuestra sufrida España una sustancia anestésica compuesta de mentiras sistemáticas y subvenciones de supervivencia. El parásito de alma vacía sabe que un organismo sano lo expulsaría en cuestión de horas; por eso, su prioridad absoluta es enfermar al huésped.
Es un criterio irrefutable: observen cómo han degradado el lenguaje hasta que las palabras ya no significan nada. La traición se llama "reencuentro", el robo se llama "justicia social" y la negligencia criminal en Valencia se disfraza de "cogobernanza", con Mazón exculpado y todas las culpas apuntando a quien usó políticamente una matanza; como Zapatero con el 11-M. No es política, es ingeniería de la degradación. Al retorcer la verdad, retuercen el espíritu de los ciudadanos hasta convertirlos en sombras que deambulan por un país que ya no reconocen.
Su éxito depende de nuestra fatiga. Buscan que el asco se convierta en costumbre y que la náusea derive en parálisis. Pero se olvidan de un detalle: el Mal, por muy organizado que esté en su "circo del averno", es estéril. Solo puede destruir, no puede crear vida. Esa es su debilidad irrefutable. Quien mantiene la capacidad de sentir repugnancia, mantiene la chispa de la libertad.
Y más cuando el mal se desparrama sin freno recordando a los dignos la importancia de sembrar algo bueno en la vida que no recoger la cizaña que al final se quema.
Lo cierto es que Sánchez se enfrenta al espejo de la corrupción que es fiel reflejo universal de sí mismo. Quizás nos encontremos ante un muerto viviente en plena putrefacción. De ahí que este baile de zombies siga a pesar de que el aquelarre ya no convence ni a las brujas que pertencecían a él. El gobierno Frankenstein está muerto, solo queda enterrarlo y meter en prisión al responsable de la organización criminal, previo paso por el tribunal de la historia.
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