CRÓNICAS DEL FANGO SANCHISTA
Ahora Indra: Pedro Sánchez, el "tramposo de mierda" universal
Si solo fuera el asalto a Indra aprovechando las vacaciones de Semana Santa... En nuestra infancia y juventud se llamaba tramposo de mierda al inmundo ventajista sin valores morales ni escrúpulos que intentaba aprovecharse del esfuerzo y la honradez del prójimo. Pedro Sánchez es sin duda aquel tramposo de mierda universal de los colegios, de las universidades, de los trabajos y especialmente de la política. Un auténtico pedazo de mierda tramposo, ya mundialmente conocido.
¿Por qué es el tramposo de mierda universal que el mundo, con ciertos valores básicos, aborrece? Imaginen un partido de fútbol donde el campo no es un césped reglamentario, sino una ratonera asfixiante. Imaginen que, en lugar de once jugadores, el sátrapa llena la cancha con doscientas personas de su cuerda, una masa informe de figurantes destinados a tapar la visión, a estorbar el juego limpio y a confundir al espectador. En este escenario dantesco, Pedro Sánchez no juega al fútbol; maniobra entre el gentío, ocultando el balón bajo la chaqueta, pasándoselo con las manos de cómplice en cómplice mientras el único árbitro digno que queda -la Justicia- bracea desesperado en un mar de cuerpos vendidos, incapaz de ver absolutamente nada entre tanta maleza humana.
Es una visión patética y repugnante. Ver al tipo empujando a los rivales con ambas manos, zancadilleando la ley y rompiendo cada norma del juego con la sonrisa gélida del psicópata institucional. Lo que estamos viviendo en España no es política, es un fraude de ley continuado, una trampa de dimensiones bíblicas donde el balón -nuestra soberanía- es manoseado por una organización criminal que ha decidido que las reglas solo existen para los demás. Es el ridículo absoluto de un hombre que, sabiéndose un tramposo de mierda, pretende hacernos creer que su victoria es legítima cuando ha reventado el marcador antes de empezar el encuentro.
Tener a un criminal manejando la base de nuestra convivencia y retorciendo las leyes como si fueran plastilina es el riesgo más alto que ha corrido esta nación en décadas. Es arriesgado porque el tramposo no tiene límites; cuando se siente acorralado, no duda en quemar el estadio con todos dentro. El juego de Sánchez está siempre manipulado, adulterado por efluvios de chantaje y por esa necesidad patológica de quedarse en el poder a cualquier precio, incluso si el precio es convertir a España en un erial donde la palabra "ley" sea solo un eco lejano del pasado.
Es absolutamente inmundo que todavía haya quien aplauda desde la grada este espectáculo bochornoso. No ven -o no quieren ver- que el árbitro está siendo amordazado y que el campo está inundado de mercenarios pagados con el dinero de todos. Es la estética del pelotazo llevada al reglamento nacional: si la norma no me permite marcar gol, cambio la norma, compro al portero y expulso al público que protesta.
Pero el destino de los tiranos que juegan con cartas marcadas es siempre el mismo. Por mucho que llenen la cancha de cómplices, por mucho que escondan el balón con manos manchadas, la verdad termina por abrirse paso entre la multitud. El juego sucio de Sánchez ha llegado a un punto de no retorno donde lo patético se confunde con lo peligroso. Arriesgar a todo un país para salvar el pellejo de un clan es la prueba final de su bajeza. La Justicia podrá estar cegada hoy por la turba sanchista, pero el silbato final sonará, y ese día no habrá manos suficientes para ocultar el tamaño de su traición.
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